Cerveza: ¿Lata o botella?

Ene 30, 2018
Raimon Cooper

Las latas están de moda en el mundo de la cerveza artesana, de eso no hay duda. En Estados Unidos, aunque las botellas continúan dominando el mercado, van perdiendo cuota de mercado en favor de las latas. En España son pocas las cerveceras artesanas que se han atrevido con el formato, siendo la más destacada Arriaca, que es de las pocas que tiene latas impresas y no latas genéricas etiquetadas como una botella. Lo cierto es que es una apuesta arriesgada, ya que, en nuestro país, fuera del mundo Craft, el formato de lata se asocia a cerveza barata, y este es tristemente un concepto con bastante arraigo.

¿Pero qué ventajas tiene un formato sobre otro?

Desde una perspectiva medioambiental, la botella de vidrio es reciclable y normalmente alrededor de un 20-30% de su composición es vidrio reciclado o incluso el 100% (depende del proveedor) El vidrio está compuesto en su mayor parte de silicio y su impacto ambiental como desecho es bajo. En cambio, la lata está fabricada con un 70% de aluminio reciclado, y el aluminio se recicla con mayor frecuencia que el vidrio. El problema está en el 30% restante de nuevo aluminio que se extrae de la bauxita, cuyas explotaciones mineras son bastante agresivas con el terreno. Luego, el otro punto a considerar es el peso, mientras que una botella vacía de 33 cl pesa alrededor de 230 gramos, una lata vacía de la misma capacidad pesa unos 10 gramos, de modo que la huella de carbono de transportar botellas es un 20% mayor respecto a las latas, además en el mismo espacio de un contenedor caben muchas más latas que botellas, tanto para recibir como para enviar. Las botellas, eso sí pueden ser reutilizadas si la fábrica tiene la infraestructura adecuada para ello. Por lo que el debate en este sentido está reñido.

Desde el punto de vista organoléptico, las latas protegen a la cerveza 100% de la luz, evitando el famoso “lightstruck” o ”aroma de mofeta”, también si la costura de la tapa está bien hecha, el ingreso de oxígeno es prácticamente inexistente. Las botellas marrones también tienen un nivel muy alto de protección contra la luz, pero menor que el de las latas y a través de la chapa, con el tiempo hay una mayor permeabilidad del oxígeno que en una lata.

El problema que se le suele achacar a las latas, aunque depende de qué tipo de línea sea, es que durante el enlatado se puede producir un mayor ingreso de oxígeno que durante el embotellado, sobre todo en las líneas más manuales.

En las líneas de embotellado se ha conseguido llegar a unos niveles de oxígeno disuelto muy bajo, pero esto también depende del tipo de línea de embotellado. Hoy en día también hay enlatadoras que consiguen niveles bajos de oxígeno disuelto, pero una buena enlatadora es más cara que una buena embotelladora, y, aunque bajos, los niveles de oxígeno disuelto serán superiores a los de una embotelladora.

Tradicionalmente, la gente ha asociado el sabor metálico en la cerveza a estar enlatada, pero en los años 30 ya se comenzó a utilizar un film de plástico en el interior de la lata para que la cerveza no estuviera en contacto directo con el metal, por lo que el sabor metálico se debiera probablemente a la oxidación de la cerveza, ya que en los años 80 y 90 era normal tener 500-1000 ppb en una lata, cuando hoy se consiguen niveles por debajo de 25 ppb en lata y de 5 ppb en botella.

Desde el punto de vista saludable hay alguna voz que se ha mostrado crítica con la composición del film plástico del interior de la lata y la presencia de Bisfenol A. Aquí dejamos un reporte de la OMS sobre los efectos del Bisfenol A. También se dice que está presente en los sellos de las chapas de las botellas, aunque el contacto de la cerveza con el plástico de la chapa es mínimo. Un estudio canadiense afirma que habría que beber 924 latas diarias para ingerir cantidades dañinas de Bisfenol A.

Se han reportado también transferencias de sabor y aroma del plástico de la lata a la cerveza en algunas latas de procedencia china. Entendemos que este problema no se da en las latas de fabricación europea.

Otro de los factores que se deben tener en cuenta a la hora de decantarse por latas o botellas es la necesidad de espacio, ya que aunque las latas ocupan menos volumen, normalmente el pedido mínimo de latas, sobre todo las pre-impresas suele ser de alrededor de 100.000 por referencia, por lo que necesitaremos bastante espacio para almacenar las latas, en cambio el pedido mínimo de botellas es mucho menor. En caso de latas genéricas, el pedido también es menor que en las pre-impresas, pero necesitaremos etiquetas.

Las latas tardan menos en enfriarse, pero también pierden temperatura más rápido. Lo que si es cierto es que son más resistentes a la rotura.

Así que a la hora de decantarse por un formato u otro son numerosas las ventajas e inconvenientes de cada uno.

Para cervezas muy lupuladas y de fecha de consumo preferente corta, quizás sea mejor la lata, hay gente que incluso bebe de la lata directamente para evitar el “lightstruck”. Lo que si que no ofrece lugar a dudas y donde siempre gana la botella, es como recipiente para envejecer cerveza, la micro-oxigenación que proporciona el corcho no se puede dar en la lata y además, el metal se corroe con el tiempo y el vidrio no.

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